Roberto Clemente Walker no fue solamente una estrella de las Grandes Ligas. Fue uno de los grandes símbolos del béisbol latinoamericano y una figura cuya historia terminó de manera trágica mientras intentaba ayudar a personas que lo habían perdido todo.
Nació el 18 de agosto de 1934 en Carolina, Puerto Rico, y desarrolló toda su carrera de Grandes Ligas con los Pittsburgh Pirates. Debutó el 17 de abril de 1955 y jugó 18 temporadas. Cuando terminó su carrera acumulaba exactamente 3,000 hits, promedio de .317, 240 cuadrangulares, 1,305 carreras impulsadas, 1,416 anotadas, 83 bases robadas y OPS de .834.
DEL MUCHACHO DE CAROLINA A UNA ESTRELLA DE PITTSBURGH
Clemente llegó a las Grandes Ligas en una época en la que los jugadores negros y latinoamericanos todavía enfrentaban importantes barreras raciales y culturales en Estados Unidos. Con el paso de los años se convirtió en una de las primeras grandes superestrellas latinoamericanas de MLB y en una referencia para generaciones posteriores.
Su juego era extraordinariamente completo. Podía batear para promedio y poder, correr las bases, cubrir el jardín derecho y, especialmente, realizar tiros desde los jardines con un brazo que se convirtió en una de sus señas de identidad.
Los reconocimientos muestran la dimensión de su carrera: ganó cuatro títulos de bateo de la Liga Nacional, fue MVP de la Liga Nacional en 1966, conquistó 12 Guantes de Oro consecutivos entre 1961 y 1972, participó en 15 Juegos de Estrellas según el criterio de selecciones de MLB —durante parte de aquella época se disputaban dos juegos por año— y fue campeón de la Serie Mundial en 1960 y 1971.
Sus números de por vida:
Temporadas MLB: 18
Juegos: 2,433
Hits: 3,000
Ave: 317
HR: 240
RBI: 1,305
Carreras: 1,416
Bases Robadas: 83
OPS: .834
OBP: .359
Titulos de bateo: 4
Guantes de Oro: 12
MVO Liga Nacional: 1966
Series Mundiales: 2
MVP Series Mundiales: 1971
Sus estadísticas oficiales de MLB confirman una línea ofensiva de .317/.359/.475 y exactamente 3,000 imparables.
Clemente formó parte de los Pirates que sorprendieron a los New York Yankees en la Serie Mundial de 1960.
Pittsburgh ganó aquella histórica serie en siete partidos. Clemente bateó .310, conectando de hit en cada uno de los siete encuentros. En el decisivo Juego 7 también participó en la remontada de cinco carreras del octavo episodio con un sencillo impulsador.
Pero once años después llegaría el momento que consolidaría definitivamente su leyenda deportiva.
1971: LA SERIE MUNDIAL DE ROBERTO CLEMENTE
Con 37 años, Clemente protagonizó una extraordinaria Serie Mundial contra los Baltimore Orioles.
Bateó .414, conectó dos cuadrangulares y dio al menos un hit en cada uno de los siete partidos. En el Juego 7 disparó un jonrón que puso a Pittsburgh delante en un encuentro que terminarían ganando 2-1. Fue elegido Jugador Más Valioso de la Serie Mundial de 1971.
Después del campeonato ocurrió uno de los momentos culturalmente más significativos de su carrera. Frente a las cámaras de televisión nacional, Clemente habló en español y envió públicamente un mensaje a sus padres en Puerto Rico. Era una época muy diferente para la presencia del español y de los peloteros latinos en las transmisiones deportivas estadounidenses.
EL HIT 3,000
El 30 de septiembre de 1972, en Three Rivers Stadium, Clemente enfrentó al lanzador de los New York Mets Jon Matlack.
Conectó un doble.
Era el hit número 3,000 de su carrera.
Se convirtió en apenas el undécimo jugador en la historia de MLB que alcanzaba aquella cifra y en el primer latinoamericano en hacerlo.
EL HIT 3,000
El 30 de septiembre de 1972, en Three Rivers Stadium, Clemente enfrentó al lanzador de los New York Mets Jon Matlack.
Conectó un doble.
Era el hit número 3,000 de su carrera.
Se convirtió en apenas el undécimo jugador en la historia de MLB que alcanzaba aquella cifra y en el primer latinoamericano en hacerlo.
Clemente también hablaba públicamente sobre la dignidad y representación de los jugadores latinoamericanos. Quería que los jóvenes de Puerto Rico y América Latina tuvieran referentes propios dentro del béisbol.
Ese compromiso humanitario terminaría estando directamente relacionado con las circunstancias de su muerte.
NICARAGUA: EL VIAJE QUE CAMBIÓ LA HISTORIA
El 23 de diciembre de 1972, un devastador terremoto golpeó Managua, Nicaragua. La destrucción dejó una enorme necesidad de alimentos, medicamentos y ayuda para los damnificados.
Clemente comenzó a involucrarse en los esfuerzos para enviar asistencia desde Puerto Rico.
Pero surgió un problema especialmente preocupante para él: existían informes de que parte de la ayuda enviada anteriormente no estaba llegando adecuadamente a quienes la necesitaban.
Clemente tomó entonces una decisión.
Viajaría personalmente con el próximo cargamento.
Su presencia, pensaba, podía ayudar a garantizar que las provisiones llegaran a los damnificados.
31 DE DICIEMBRE DE 1972
Era la víspera de Año Nuevo.
Clemente tenía 38 años.
Subió a un avión cargado con ayuda humanitaria destinada a Nicaragua. La aeronave despegó desde Puerto Rico la noche del 31 de diciembre de 1972.
Nunca llegó a Nicaragua.
Poco después del despegue, el avión cayó al océano Atlántico frente a la costa de Puerto Rico. Clemente y las demás personas que viajaban a bordo murieron. MLB y el Salón de la Fama documentan que el viaje tenía como propósito llevar personalmente suministros a las víctimas del terremoto nicaragüense.
Su cuerpo nunca fue recuperado.
La noticia golpeó profundamente a Puerto Rico, Pittsburgh, Nicaragua y al mundo del béisbol.
La tragedia tenía una dimensión adicional: Clemente no murió viajando por razones relacionadas con su carrera deportiva. Murió durante una misión humanitaria.
Habían transcurrido apenas tres meses desde su hit número 3,000.
UNA EXCEPCIÓN HISTÓRICA EN COOPERSTOWN
Normalmente, un jugador debe esperar cinco años después de terminar su carrera para ser considerado para el Salón de la Fama.
Con Clemente ocurrió algo excepcional.
Tras su muerte, se realizó una elección especial y se eliminó para su caso el período habitual de espera. En 1973 fue elegido al National Baseball Hall of Fame, convirtiéndose en el primer jugador latinoamericano nacido en América Latina en ingresar a Cooperstown.
Su viuda, Vera Clemente, recibió la placa durante la ceremonia.
Roberto había alcanzado la inmortalidad deportiva pocos meses después de morir.
EL PREMIO QUE LLEVA SU NOMBRE
Su legado humanitario también quedó institucionalizado dentro de las Grandes Ligas.
El reconocimiento que actualmente conocemos como Roberto Clemente Award distingue anualmente a un jugador por su carácter, participación comunitaria, filantropía y contribuciones positivas dentro y fuera del terreno. MLB también celebra anualmente el Roberto Clemente Day para mantener viva su memoria y su impacto.
Así, su nombre terminó representando algo diferente a cualquier estadística.
21: UN NÚMERO CON SIGNIFICADO
El #21 quedó inseparablemente asociado con Clemente.
Para Puerto Rico y para buena parte del béisbol latinoamericano, ese número representa al jugador que llegó a 3,000 hits, al jardinero del extraordinario brazo, al campeón, al hombre que habló español frente a las cámaras después de conquistar una Serie Mundial y al humanitario que murió intentando llevar ayuda a Nicaragua.
Su último año parece contener los elementos centrales de toda su historia.
El 30 de septiembre de 1972 llegó exactamente a 3,000 hits.
El 11 de octubre disputó su último partido de Grandes Ligas.
El 31 de diciembre, menos de tres meses después, murió durante el viaje humanitario hacia Nicaragua.
El #21 quedó inseparablemente asociado con Clemente.
Para Puerto Rico y para buena parte del béisbol latinoamericano, ese número representa al jugador que llegó a 3,000 hits, al jardinero del extraordinario brazo, al campeón, al hombre que habló español frente a las cámaras después de conquistar una Serie Mundial y al humanitario que murió intentando llevar ayuda a Nicaragua.
Su último año parece contener los elementos centrales de toda su historia.
El 30 de septiembre de 1972 llegó exactamente a 3,000 hits.
El 11 de octubre disputó su último partido de Grandes Ligas.
El 31 de diciembre, menos de tres meses después, murió durante el viaje humanitario hacia Nicaragua.
Roberto Clemente fue una gloria de Puerto Rico, una figura fundamental del béisbol latinoamericano y uno de los nombres más perdurables en la historia de las Grandes Ligas.
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